Desde que tenía 12 años descubrí mi gusto por los temas de superación personal. Recuerdo que, cuando llegaba el periódico a casa, mis hermanas corrían a leer el horóscopo, pero yo iba directo a la sección de superación escrita por un autor llamado César Guzmán. Cada vez que leía esas líneas, sentía una conexión especial conmigo mismo. Era como si el escritor me hablara directamente al corazón.
Durante mis años preuniversitarios —esos años antes de entrar a la universidad— nos obligaban a leer ciertos libros de novelas. La verdad, nunca me gustó mucho ese tipo de lectura. Me parecía aburrida. Siempre preferí consejos directos, algo que pudiera aplicar al día siguiente.
Más de una vez negocié con mis profesores para leer otro tipo de libros. Yo mismo iba a la librería y pedía:
—Quiero un libro de superación personal.
Y así fue como terminé leyendo libros como El Rinoceronte, El hombre en busca de sentido, El Principito, Sea el número uno. Además, desde pequeño mis papás me llevaban a la iglesia, y ahí conocí el mejor libro de motivación que se ha escrito: La Santa Biblia.
Ese gusto por la superación personal creció conmigo. Y sin planearlo, empecé a dar charlas y conferencias sobre motivación y liderazgo en empresas y con jóvenes. Para acompañar mis talleres, comencé a escribir mi propio material, que luego compartía impreso o subía a mi sitio personal: www.luiszepeda.org
Con el tiempo, muchas personas se acercaban a felicitarme y me preguntaban:
—¿Has escrito algún libro?
Mi respuesta siempre era la misma:
—No, pero tengo mucho material guardado en mi computadora. Son fragmentos que he ido escribiendo con los años… aunque nunca los he reunido.
Comencé a escribir sobre superación y liderazgo desde que tenía 21 años. Y con cada persona que me preguntaba por mi libro, yo decía:
—Lo estoy escribiendo…
Aunque, en el fondo, sabía que no era del todo cierto. Pero muchos me decían:
—Yo quiero leerlo cuando lo termines.
Así que, en abril del 2011, tomé la decisión de organizar esos fragmentos. Hablé con dos compañeras de trabajo y una amiga para ver si querían ayudarme a revisar la redacción y la ortografía. Aceptaron encantadas, y así fue como empezamos este proyecto.
¿Pero si estamos en el año 2025, por qué tardé tanto en escribirlo?
Porque lo puse en pausa por más de 12 años. En ese tiempo, despegué en otros proyectos. Pero este año dije:
—Es momento de continuar y terminar el libro que tengo pendiente.

¡Qué bueno volver a retomar los sueños! ¡Nunca es tarde!